El pueblo está a punto de entrar a la tierra prometida. La conciencia debe estar clara entre lo que es una bendición y una maldición. ¡Y es simple! Estriba en la obediencia y desobediencia de lo registrado en la Torah.
Se entiende que la tierra a poseer estuvo plagada de personas que siguieron sus propios gustos y deleites. El cómo adorar y creer estaban llenos de idolatría.
Todo quehacer cotidiano de aquellos pueblos sustentaba sus creencias de dioses que dominaban ciertas áreas. Existía un gran abanico de ellos.
Cada práctica tenía un sinfín de accesorios. Cada escenario y ciertos objetos tendrían que ser destruidos por insignificante que parecieran. Cada elemento tenía una fuerte conexión con el mal.
Devarim/Deuteronomio 12:3 Y derribarán sus altares, y quebrarán sus imágenes, y sus árboles de culto consumirán con fuego: y destruirán las esculturas de sus dioses, y extirparán el nombre de ellas de aquel lugar.
Un análisis de esta particular destrucción, sería:
Entender que voy a tomar posesión de lo que ya me pertenece, y está siendo violentado con idolatría. Obedecer al Eterno al destruir dicho escenario, es mi escudo más potente durante este procedimiento. Nada me sucederá.
Ni una pizca de miedo debe atravesar tu mente. Solo tienes que sentir el poder de obedecer. Sí. ¡Poder al Obedecer! Sigue estas órdenes:
1ª – Derriba sus altares (mizbejotam)
Rashi, de bendita memoria, comenta que se refiere a un altar hecho por varias piedras. A simple vista pareciera no ser un instrumento de idolatría. Son piedras una encima de otra. Pero al encontrase en montañas, colinas o debajo de un árbol frondoso, se entendía que fue usado con un fin idolátrico. Por ello debía destruirse.
Este panorama debe ayudarte para que en cualquier sitio, donde tú seas el dueño, observes bien y tengas la capacidad de detectar algo semejante.
De ser el caso, derriba la unión de cada piedra. Quiébrala lo más posible. Destruye esa forma original. Si es posible, conviértelo en polvo. Incluso puedas darle otro uso. Este pasuk da una idea:
Melajim bet/2Re 10:27 Y quebraron la estatua de Ba’al, y derribaron el templo de Ba’al, y lo convirtieron en letrinas hasta hoy.
2ª – Quebrar sus imágenes (veshibartem et matzebotam)
De esta expresión, comentan los Sabios, es un monumento de una sola piedra que puede tener la imagen de algún dios. O un pilar o columna de una estructura más grande, como un templo.
La expresión “Altar” tiene cierta relación con la expresión griega “Bumos” de la que se deriva “Bimos”, que se entiende como “Pedestal”. Era una base donde se paraba la estatua. Esta base o pedestal tenía que ser quebrada. Había sido “dedicada” a esa deidad.
La orden es quebrar. ¿Qué se entiende? Simple. Romper la imagen construida en la piedra. Romper su simetría. Pero también entender que se debe quebrar su funcionalidad. Como en el caso del pedestal.
Esa base o pedestal se fue transformando. En la actualidad muchos se convirtieron en “repisas” o muebles especiales para poner en alto a sus deidades.
Recuerda. Si adquieres un mueble o repisa usado, revisemos su pasado. De preferencia manda a que lo fabriquen o cómpralo nuevo.
3ª – Quemar los arboles de culto
Los Sabios dan dos cometarios: a) El árbol se adoraba. b) Había un ídolo bajo el árbol.
En una opinión, el árbol era pasado por fuego. En la segunda, el árbol debía quemarse. Se destruía todo aquello que estaba debajo del árbol y tuviera relación con la idolatría.
Hoy por hoy existen lugares donde algunas personas dicen que cierto árbol o piedra tiene “poderes” para recuperar salud o tener descendencia. Ten cuidado con cualquier accesorio, libro o frase que esté relacionado a esos elementos.
4ª – Destruir sus esculturas de sus dioses
Se podría decir que estos objetos eran de fácil transportación. Algo más personal.
Podían ser tallados en madera, fundido en metal precioso o de piedras preciosas.
La fonética hebrea de esta orden es: “Tegade’un”, algo así como “Arrasarán”.
Desde mi punto de vista, diría que como estas estatuillas eran de diferentes materiales, se procedía según su material. Piedra – Romperlo. Oro o plata – Quemarlo. Piedras preciosas – Arrancarlas. El fin tenía que ser arrasar de cualquier manera estos elementos.
Si hoy compras algo antiguo o moderno, relacionado con el ornato para la casa, infórmate de dónde viene o cuál es su historia.
Conclusión
5ª – Extirpar el nombre de esos dioses de aquel lugar
Creo que es lo más importante al ejecutar la orden, y destruir todo lo relacionado con la idolatría, no solo es en lo físico. Hay que extirpar el nombre que se le otorgó a ese lugar. Era común que se anteponía el nombre de la deidad. Eso se erradicaba con el cambio de nombre.
Espero que todos aquellos que están regresando a sus raíces judías, tengan la capacidad de obedecer. Que alejen, destruyan, quemen y arrasen con todo aquello que se interpone entre la bendición y la maldición.
Que también sea útil para aquellos que han dejado de ser buenos observadores y cuidadosos en aquellas cosas que se adquieren en la calle.
Shabat shalom!