Servir al Eterno, sin duda trae consigo bendiciones, y se podría decir, también un desgaste. Es decir, quien sirve se ve beneficiado, pues su labor conlleva tiempo, esfuerzo, amor, etc. Esto presenta un reto, pues no es fácil encontrar a alguien dispuesto a hacerlo.
Todo siervo debe entender que, más allá de las recompensas humanas, será el mismo HaShem quien dé el justo pago. Por lo que, es un privilegio servir al Eterno.
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