El Bendito Sea Su Nombre, da una compleja crónica de lo que tiene que llevar a cabo el hombre o mujer que, siendo afectado por Tzaraat, muestra una mejoría.
La persona llegó a ese punto por el análisis y reflexión. Experimentó angustia, temor, quizás vergüenza, y por supuesto arrepentimiento. Tuvo que aceptar haberse equivocado.
Tzaraat muestra como un comentario ocioso e irresponsable, puede dañar lo físico.
Imagina que la afectación está vigente. Respira profundo, cierra tus ojos y atrévete a verte. ¿Qué tan afectada tienes tu carne?
Quizás un escalofrió llegue a lo profundo de tus huesos.
Cuando me imaginé, sentí un transformación en mi persona se transformó. Me sentí un poco expuesto hacia la tristeza.
No sé cómo te sentirás al respecto, pero este cuadro podrá llevarte a considerar la escena que dibujan los comentarios de nuestros Sabios.
Vaicra/Levítico 14:1-2 Y Hablo el Eterno a Mosheh, diciendo: Esta será la ley del metzora en el día de su purificación: Será traído al sacerdote.
Aquí empieza el desglose.
Cuando Tzaraat aparecía en el individuo, era “separado” de los limites del campamento. En el desierto, comentan los Sabios, eran tres. De israelitas, Leviim y Kohanim.
El infractor suspendía todo cuanto hacía, esperando que esta señal corporal cambiara. Estaba a expensas de las revisiones del Kohen.
Sus comodidades le eran quitadas. Su estatus era momentáneamente suspendido.
Se quedaba solo, con mucho espacio y tiempo para analizar qué estaba pasando. Sacaba cuentas de lo que perdería.
¿Qué tan parecida será esta sensación en ti, al realizar algo indebido?
Cuando se le podía considerar sano y era merecedor de ser observado por el Kohen, era llevado a los límites del campamento general. Ahí se acreditaba la fase de purificación a través del rito estipulado.
¿Qué curaba a la persona? ¿Tú qué piensas?
Cuando te equivocas, el mecanismo básico, casi animal de supervivencia, es negarlo todo, dar excusas, decir que no te diste cuenta.
Pero no es cierto. Te llenas con una sensación de angustia, miedo y vergüenza. Con esos síntomas percibes la realidad. Te sientes mal por haber procedido así. El cuerpo se llena de cansancio, tu rostro cambia, tu ánimo está muy abajo. Una clase de enfermedad te empieza a invadir.
Cuando llega la etapa de reconocer los errores uno a uno, empiezas a llenarte de vergüenza ante lo Divino. Logras ver como te has transformado, aceptas tu culpa y entiendes que tu condición es total consecuencia de tus actos.
En ese momento empieza la salud, el milagro más físico que tendrá el Metzora para experimentar.
Una expresión que sale equivocadamente de tu interior te afecta. Un buen arrepentimiento empieza a curarte.
Si la persona no logra arrepentirse, su separación dura mucho más tiempo.
Si el Kohen observa y lo considera limpio, manda lo siguiente:
Vaikra/Levítico 14:4 El Kohen mandará luego que se tomen para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y palo de cedro, y grana e hisopo.
Los Sabios regalan varias opiniones sobre el porqué dos aves.
“Por ser que la Tzaraat [lepra] viene del pecado de maledicencia, debe traer dos pájaros, recordándoles así su pecado, haciendo alusión a la constante pipiar de dichos animales, pues él se comportó como un pájaro: balbuceo y pipió sin tener la más mínima conciencia humana de la gravedad del pecado que cometía” [Shem tob (Vaikra), pág. 3202].
“Una de las causas de Tzaraat [lepra] es Lashon hara (maledicencia). Cuando uno transmite Lashon hara a una persona acerca de su amigo o a un marido acerca de su esposa, remplaza amistad o armonía matrimonial por enemistad y pelea.
La palabra “pájaro” equivale numéricamente a 376, el mismo valor numérico de la palabra “paz”.
La Torah alude a que para que el leproso, castigado por la Lashon hara, sea perdonado, primero debe de hacer paz entre los amigos o el marido y la esposa. Así los dos pájaros corresponden a las personas enemistadas que necesitan ser reconciliadas” [Vedibarta bam, Vaicra, pág. 79].
En lo personal, resaltaría el sonido que producen los pájaros de forma intensa. Por lo general lo hacen cuando están disgustados entre sí, de tal manera que se ponen en riesgo muchos factores. Lo mismo ocurre cuando busca pareja. Pareciera que un sentir poderoso los toma y ponen en riesgo su propia vida.
Los comentarios amplían el panorama. Espero que sirva para un mejor control de las emociones.
Lo siguiente es el “palo de cedro”.
“El cedro es un árbol de gran altura, y sirve para recordar al pecador que se comportó con soberbia y altanería” (Sifte jajamim) [Rashi, Vaikra, pág. 222].
Esta intención acompaña las palabras del que pecó. Factores que se deben controlar de mejor manera cada día.
Es el turno de la “grana” (lana carmesí o escarlata).
“Torat Kohanim 14:13. Rashi literalmente dice “lengua de lana” Se trataba de un pedazo largo de lana en forma de lengua (lashon), teñido de color carmesí” [Rashi, Vaikra, pág. 224].
Algunos comentaristas dicen que este color era extraído de un gusano. Esto da pie para tener en memoria aquella porción de Tehilim/Salmos 22:7 “Más yo soy gusano, y no un hombre”. La expresión queda como resultado del análisis de mi falta.
Hasta aquí, con el desglose, se entiende que una lengua “larga”, o sea fácil, llena de soberbia me llevará a un error muy grave.
Por último, está el “hisopo”.
“Tanjuma 3. La palabra “tolaat” significa tanto “gusano” como “lana teñida”, por su parte, el hisopo es una planta de poca altura. Puesto que ambos constituyen una referencia a la humildad” [Rashi, Vaikra, pág. 223].
Conclusión
Recapitulando, hay cuatro elementos: Aves, Cedro, Lana e Hisopo. Se comenta que los tres últimos se unían para la purificación. Haciendo conciencia en la unión de esos tres elementos obtengo una postura: “Si ya cometí un error de Lashon hara, mi única cura es reconocer que usé la lengua de manera soberbia, altanera, iracunda y sin conciencia alguna. Debo y tengo que controlarlo con humildad. Solo así seré libre, sano y volveré a mi lugar, a mi espacio”.
Shabat shalom!