«¡El gran momento!»

He podido percatarme con los años de relación y servicio a las personas, que existe una esperanza puesta que da pretexto para que el presente no tome la relevancia que en realidad tiene, y me refiero al hecho de que es común encontrar de una manera hasta cierto punto inconsciente en dichos de personas, frases como:

-¡Aah! pero el día que yo me case…

-El día que yo termine la carrera…

-El día que mi marido cambie…

-El día cuando yo tenga a un hijo…

-El día que yo baje de peso…

-El día que yo obtenga un trabajo que me paguen más…

-El día en que mi mamá confié en mi…

-El día que yo tenga mi casa propia…

-El día que pueda encontrar la salud…

-El día que mi hija se case…

A todas las frases anteriores yo le podría añadir:

Seré feliz.

Cambiaré.

Me portaré bien.

Seré pleno.

Podré hacer cosas que quiero.

Ya no le mentiré.

Me realizaré como mujer.

No me sentiré acomplejado.

Etc.

Si observa, amable lector, tal parecieran que la no realización de las primeras frases, obstaculizará un cambio, de ahí que he optado por llamar a esto «El Gran Momento«, en el entendido de que una gran mayoría de personas espera ese «Gran Momento» para transformar su vida.

Si ese «Gran Momento» no se da, estará bloqueando su futuro, pero sobre todo su presente.

Leí una frase que decía más o menos así: «el pasado fue tan efímero y el futuro tan incierto, que lo único que vale la pena es el presente«, y esto a mi juicio es lo trascendental al respecto del «Gran Momento» porque bloquea nuestro presente que a final de cuentas es lo único que existe.

Reflexiona en esto, los principios de la Vida conllevan como base la Justicia, y la Justicia tiene implícito tanto la Autoridad como la Responsabilidad.

Si nosotros retrasamos cosas por ese «Gran Momento«, lo que hacemos es ceder la responsabilidad de nuestra vida, y ¿a quién se la cedemos? A eventos o cambios de personas, o a cumplimientos de deseos, etc., que no necesariamente sucederán.

Si nosotros cambiáramos nuestra perspectiva y evitáramos ver eventos futuros que nos truncan: cambiar, ser felices, ser plenos, etc. Creo, y es mi convicción viviríamos con la responsabilidad no nada más de lo que nos toca, sino con la libertad, de cambiar sin cederla al futuro.

Me despido con una frase que puse en Twitter (@mijaelavila): «Nunca habrá justificante para no hacer lo incorrecto«

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