Por Rev. Alfonso Herrera Perez
La kehila de Yehoshúa , como organización social, cuenta en sus filas una diversidad de individuos con ideas, pensamientos, sentimientos, temperamentos y caracteres tan diferentes entre sí como lo son sus poseedores. Estas diferencias son manifiestas en todos los campos del saber, no hay materia que escape a este hecho: ciencia, arte, literatura, teología, religión, etc. Con estas diferencias, la educación queda en un terreno subjetivo, sujeta a la inclinación educativa y el trasfondo de las personas que en su mano tienen a la educación escolar.
Con esto en mente ¿Qué pienso como padre de familia sobre la educación —instrucción—, de mis hijos? ¿Qué escuela es la más conveniente para que aprendan a leer, escribir y “hacer cuentas”? La mejor escuela para que mi hijo estudie, según mi opinión, puede ser la peor para mi vecino o amigo. “Es cuestión de enfoques”, rezaba aquella frase, hecha famosa por un diario de circulación nacional, hace ya varios años.
En el ámbito de la educación integral, en México se ha permitido la apertura de escuelas religiosas, y a falta de escuelas judío mesiánicas, la alternativa mejor es las escuelas cristianas, pero, aunque la Biblia delimita perfectamente el pensamiento en cuanto a la doctrina, aun quedan en el aire cientos y quizá miles de diferentes posiciones cuando son tratados algunos temas que no se mencionan de manera directa en la Escritura. Entre estos temas se encuentra el que hoy nos ocupa: La Educación.
Un clásico ejemplo de esto lo encontramos en las ciencias.
—Que mi hijo no estudie ciencias, —dice un padre de familia—, la ciencia es algo “satánico”.
—La ciencia no es ningún problema —responde otro—, el verdadero problema está en la literatura, esa si que es “satánica”. Tu sabes, los cuentos que hablan de duendes, Mafalda, brujas, los Simpson y todas esas cosas.
—No, no, no… —dice otro—, ni las ciencias ni la literatura, lo que es verdaderamente “satánico” es la ecología…esa (doctrina) es de la “New Age”.
Y así, el término “Satánico” se vuelve cada día más popular y famoso e indispensable para la comunicación dentro de ya casi todas las congregaciones preocupadas por lo que proviene del enemigo de El Eterno y despreocupadas por lo que verdaderamente viene de ÉL.
Recientemente un experto en educación cristiana opinó lo siguiente: —“Los niños no deben saber, siquiera, que existió un tipo llamado Darwin. Mucho menos deben saber que este tipo creo algo que se llama “ La Teoría de la Evolución”; eso sería un grave pecado cometido contra el alumno. Si ese alumno obtiene un cinco de calificación en esa materia, pues, gloria a El Eterno por ese cinco, pero de ninguna manera podemos exponer al joven a esa “contaminación” tan horrible.
Por principio de cuentas, dejemos claro que, la Teoría de la Evolución no es un asunto religioso sino científico. Ello no quiere decir que ignoremos las implicaciones que resultan al contradecirse —esta teoría—, de manera tan abierta con la Biblia. Cierto es, La Teoría de la Evolución es una mentira, pero ¿debo esconderla de los niños? ¿Será la voluntad de El Eterno ocultar estos conocimientos a nuestros hijos?
Comenzaremos por decir que la Biblia no insinúa, en ninguna parte, estar en contra del conocimiento por el sólo hecho de ser impartido —este conocimiento— en el ambiente del mundo. Veamos un ejemplo de ello en la vida del profeta Daniel —me permitiré utilizar la Versión Popular de la Biblia.
“…además, (Nabucodonosor) ordenó a Aspenaz, jefe del servicio de palacio, que de entre los israelitas de familia real y de familias distinguidas trajera jóvenes bien parecidos, sin ningún defecto físico, cultos e inteligentes, entendidos en todos los campos del saber y aptos para servir en el palacio real. A ellos se les enseñaría el lenguaje y la literatura de los caldeos. Nabucodonosor ordenó también que a esos jóvenes se les diera todos los días de los mismos alimentos y vinos que a él le servían, y que los educaran durante tres años, al cabo de los cuales quedarían a su servicio.” Daniel 1:3-5
Nabucodonosor ordenó traer, del pueblo de Israel, algunos jóvenes que mostraban algunas características solicitadas por él, entre ellas, destacan las siguientes.
-Deberían ser de familia real.
-Bien parecidos.
-Sin ningún defecto físico.
-Entendidos en todos los campos del saber y
-Aptos para servir en el palacio real.
Notemos que estos jóvenes —Daniel, Ananías, Misael Azarías, de la tribu de Judá— eran entendidos en todos los campos del saber. Esto quiere decir que, en la tierra de Judá, no habían visto pasar el tiempo estudiando y aprendiendo solamente la Torá. No. Ellos habían dedicado buena parte de su vida a estudiar <>. Tal vez sea posible hacer una larga lista de esos campos del saber, pero sí es posible pensar en literatura, ciencias, historia, filosofía, medicina, astronomía, etc, etc, etc.
El profeta Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida del rey. El no estuvo dispuesto a dejar de observar las mitzvot de El Eterno en cuanto al alimento kosher. De ninguna manera iba a permitir que comida no kosher formara parte de su dieta, así que pidió al mayordomo del rey que le ayudará en esto y Hashem le dio gracia delante de él. Cuando estamos dispuestos a obedecer a El Eterno, Él siempre abrirá las puertas para ayudarnos ¡Aleluya!
Pero volviendo a nuestro tema del estudio, también podemos hacer notar algo muy importante: ni Daniel ni sus compañeros consideraron nunca el estudio como un tipo de contaminación, ni espiritual ni material. Ellos fueron educados por tres años y El Eterno les dio inteligencia para comprender toda clase de libros y toda la ciencia existente en sus días (v.v. 17) .
¿Alguien aconsejó a Daniel acerca de los peligros a los que se exponía cuando ingresara en la escuela babilónica?; ¿La literatura y la ciencia de esta escuela, habrán tenido algo de satánico en su enseñanza?; ¿Por qué razón Daniel y sus amigos no abandonaron los caminos del Eterno?. ¡Un momento! ¿Acaso estamos insinuando que, en el reino de Babilonia, la enseñanza no era objeto de censura en la vida de un hijo del Eterno? Así es. Parece que para todo mundo era algo de lo más natural. Daniel y sus compañeros ya contaban con una amplia instrucción en todos los campos del saber humano, tanto que terminaron sus estudios con mención honorífica (Daniel 1:19).
Daniel conocía bien la Torá, de eso podemos estar seguros. Si el profeta hubiera encontrado en la Torá alguna referencia que le indicara una prohibición en el sentido de la dedicación al estudio de “materias seculares”, podemos afirmar que no lo hubiera hecho. Sencillamente esa posición (la de continuar esos estudios) no hubiera tenido apoyo bíblico. Pero, ¿Dónde fue el Campus en el cual se desarrollo la vida profesional de Daniel? Caldea fue el sitio, región meridional de Mesopotamia la cual, posteriormente, fue llamada Babilonia, ¿Qué le parece? La madre, por excelencia, de la idolatría y centro mundial de las religiones más abominables del pasado… y también del presente.
Veamos lo que nos dice P. G. Gener en su obra “La Muerte y el Diablo” (Barcelona 1884-85) y citado por Santiago Valentí Camp en “Las Sectas y las Sociedades Secretas” (México 1975).
En Egipto, la magia nacía de una degeneración del culto convertido en politeísmo y aun en fetichismo por las muchedumbres. En Caldea, al contrario, la religión oficial al unificar los diversos fetichismos con que contaba la religión primitiva, organizó y reglamentó la magia, que era su culto. Así, en la época en que Babilonia presenta una religión sabiamente organizada, encontramos dos especies de magia; una superior o teúrica, por la cual el mago tendía por medio del conocimiento de lo divino, a identificarse con la propia divinidad, y otra popular, buena o malvada, según servía para librar de los maleficios de los demonios o para desencadenarlos. Entre otros ministerios a los que se dedicaba el clero Babilónico, había la adivinación o predicción de lo futuro, lo cual hacían los sacerdotes, ya por los fenómenos de los astros, ya por sueños, ya por varios acontecimientos casuales de la vida ordinaria. Otros se dedicaban al exorcismo, ya curando enfermos, a los que rociaban con agua, acompañando la ceremonia con oraciones; ya bendiciendo los templos recién construidos. Otros sacerdotes se dedicaban a la música, y su oficio era cantar los himnos en el culto. Para cada una de estas tres clases de ministerios había instrucciones rituales, algunas de las cuales se han conservado hasta hoy en tablillas cuneiformes y otros documentos. Las varias clases sacerdotales formaban también entre sí unos como gremios con tradiciones propias y privativas; así en los adivinos, la facultad y ciencia era hereditaria de padres a hijos (aunque había escuelas), y regían reglas especiales, tanto para las condiciones físicas del individuo que había de ejercer las funciones, como para su habitación moral. La clase sacerdotal era, además, la que monopolizaba la escritura, de manera que el pueblo estaba sumido en la más crasa ignorancia y analfabetismo.”
Un cofre de virtudes ¿Verdad? Creo que el más nefasto de los Ministerios de Educación en el mundo podría ser color de rosa hoy día, comparado con el de Babilonia, pero, ¿Cómo logró sobrevivir Daniel en este terrible y maléfico mundo? A continuación enlisto algunos de los aspectos de su educación religiosa, los cuales le permitieron ser un gran instrumento de El Eterno para escalar hacia los puestos mas altos del gobierno del rey Nabucodonosor y, desde allí, cumplir los planes del Eterno para él, para su pueblo y para todos nosotros.
1. Daniel Contaba con un dominio propio excepcional (Daniel 1:8; 10:3). El podía abstenerse de cualquier cosa que le estorbara en su trabajo político y ministerial.
2. Era un escrupuloso observante de la Torá ¿Alimentos no Kosher? ¡Olvídalo! (Daniel 1:8) ¿Abandonar los tiempos dedicados a la oración? ¡Jamás! (Daniel 6:10).
3. Tenía valor. Observe el tono en el cual se dirige ni más ni menos que a Nabucodonosor, el temible rey de Babilonia (Daniel 5:22-23).
4. Era un hombre íntegro. Nadie podía hablar nada en su contra (Daniel 6:4).
5. Vivía una vida de devoción al Eterno (Daniel 2:17-18; 9:17; 6:13). Era humilde (Daniel 10:17).
6. Tenía una amplia visión espiritual (Daniel 7:9-12; 10:5-6).
¿Entonces qué hago al respecto? Podría ser la pregunta que nos estemos haciendo todos en estos momentos. No nos engañemos, Daniel pudo ser seducido y afectado negativamente al entrar en contacto con enseñanzas extrañas y hasta diabólicas. De ninguna manera estoy minimizando los peligros ocultos —y en muchos casos manifiestamente abiertos— que entrañan los libros y los planes de estudio que se han implantado dentro de los modernos métodos de enseñanza vigentes. El riesgo que corrió Daniel no es menor ni menos peligroso del que enfrentan nuestros hijos en las escuelas hoy en día.
Pero si Daniel no cayó en esas peligrosas redes del imperio Babilónico es porque contaba con una excepcional protección: La del Eterno y Su Torá. Si usted está dispuesto a trabajar en la educación de sus hijos para desarrollar en ellos las siete características de Daniel, que le permitieron sobrevivir a las influencias del imperio Babilónico, entonces no tiene nada que temer acerca del sistema educativo en el cual se desenvuelven actualmente sus hijos e hijas. La manifestación de El Eterno en su familia y la dedicación al estudio de la Torá, por todos dentro del hogar, harán una valla en la vida de cada miembro de la familia que los salvaguardará de todo peligro en todos los aspectos.
El Tratado de los Principios cap. 1:1 dice “”Moshé recibió la Torá del Sinaí y la transmitió a Yehoshúa, y Yehoshúa a los Ancianos,, y los Ancianos a los Profetas, y los Profetas la transmitieron a los Hombres de la Gran Asamblea. Ellos enunciaron tres principios: Sean prudentes al juzgar, formen muchos discípulos y hagan una valla que salvaguarde la Torá.”
La interpretación que se da al principio de salvaguardar la Torá es la siguiente: “Y hagan una valla que salvaguarde la Torá. Esto se refiere a limitaciones para que no se llegue a transgredir las prohibiciones de la Torá. Por ejemplo, las prohibiciones de matrimonios entre parientes de segundo grado y las adiciones protectivas de las leyes del Shabat , pues está escrito: “Salvaguardarán Mi custodia” (Vayikrá —Levítico— 18:30), lo cual es interpretado como “hagan protección para mi custodia”.
Cuando obedecemos y vivimos la Torá, aseguramos que no se adulteré su contenido, que no se hagan interpretaciones arbitrarias de la Torá que El Eterno nos ha entregado. Pero la bendición extra para nuestras vidas es una especie de “rebote” al asegurar, con ello, que la Torá salvaguardará nuestras vidas en todos los aspectos: religioso, ministerial, escolar, familiar, profesional, etc, etc.
¿Quiere usted deshacerse de todo temor en cuanto a lo que le enseñan a su hijo en la escuela? Muy sencillo: asegúrese de que en su hogar se está salvaguardando la Torá y que la Torá está salvaguardando a su familia.
Si lo anterior no está ocurriendo así, entonces tome usted sus propias medidas, pero le aconsejo que lo piense tres veces más antes de seguir adelante.
Hasta la próxima