Por Rev Alfonso Herrera
PRIMER CASO
“Sabotaje al Matrimonio” es el título de un estudio acerca de la familia y cuyo autor es el pastor Luis Chipatecua, colombiano de nacimiento y con experiencia en pastorear congregaciones cristianas en Colombia, México y los Estados Unidos. El desarrollo de esta obra, de texto breve pero profundo en contenido, no tiene mayor inconveniente desde el punto de vista doctrinal. Inclusive, en la parte inferior de la portada, se puede leer la definición de “sabotaje”: Es causar un daño o un impedimento interno a una institución —como el matrimonio—, ejército o gobierno, por descuidos en la defensa.
Al allegarse a esta lectura se adquiere conciencia de la importancia de la familia y los fenómenos que la dañan en gran manera. Sin embargo, al leer la última página del folleto y en el contexto de una evaluación de la familia en aspectos tales como la vida en pareja; la relación con Eloh-m de la pareja; relación con los hijos; parejas sin hijos etc, etc, etc, el autor plantea una pregunta muy interesante que llamó mucho mi atención. Literalmente dice así: “¿Están nuestros hijos dispuestos a sacrificarse por nosotros?”.
Esta pregunta plantea serios problemas al ser analizada con cuidado. Las implicaciones de la anterior pregunta son muchas y muy complejas y, más adelante trataré de dar, o mejor dicho, encontrar, una respuesta satisfactoria.
SEGUNDO CASO
Tiempo atrás escuche, insertado en una enseñanza bíblica, el siguiente comentario.
—¿Cuántos creen que los hijos tienen que trabajar para los padres? —preguntó el ministro quien impartía la enseñanza.Muchas personas levantaron la mano en señal de apoyo a su interpelación. Algunos hasta gritaron ¡Amen!, ¡Aleluya!
—Efectivamente, los hijos deben y tienen que trabajar para los padres y no lo contrario
—dijo nuevamente con una expresión por demás satisfecha ante tal declaración.
De esta manera afirmó y confirmó su dicho. Por cierto, no se mencionó fundamento Bíblico alguno y, como en el caso anterior, el comentario fue hecho fuera de contexto, Sin relación alguna con la enseñanza impartida aquella noche.
TERCER CASO
En el año de 1996 apareció publicada, en un importante diario de la ciudad de México, una nota acerca de un destacado neurocirujano de apellido Smith. Este médico era en esa época, reconocido como el número uno a escala mundial en su especialidad. Cuando el reportero lo interrogó acerca del ”secreto” de su éxito, este respondió.
-Cuando te fijas una meta de tan grande envergadura, tienes que estar dispuesto realizar cualquier sacrificio para lograrla.
—¿cuál sacrificio, por ejemplo? —volvió a preguntar el reportero.
—No tengo vida social —comenzó a relatar el médico—; No cuento con amigos fuera del ambiente de mi profesión; La diversión, los paseos y las vacaciones no figuran en mi agenda; me divorcié poco después de iniciar la especialidad en neurocirugía; aunque mi hijo mayor llegó a tener problemas con las drogas, sé que valió la pena pues he contribuido al progreso de la ciencia en bien de la humanidad —
fue el comentario final de la entrevista.
En 2 Corintios 12:14 Se señalan los fines para los cuales el hombre trabaja, —se entiende que hablamos de hombres casados y padres de familia y, si no es el caso, lo será en el futuro, cuando lleguen a la edad adulta y a la paternidad— estos fines son el sostenimiento y manutención de los hijos: “… porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.”. Por extensión podemos afirmar que este deber impuesto a los padres es extensivo a toda la familia y no limitado sólo a los hijos.El contexto en el cual el Rabí Shaul escribe lo anterior es la manutención de su persona por parte de la iglesia de Corinto. El afirmaba tener derecho a ello, sin embargo, dice: “Ustedes son mis hijos (espirituales) y yo debo atesorar (trabajar) para ustedes, eso es lo correcto y lo justo; tal y como lo debe hacer un padre de familia.”La Escritura nos habla del sacrificio de los niños, dedicados a Moloc por parte del pueblo de Israel; existen diferentes versiones de este hecho. Una de estas versiones nos indica que el sacrificio de los niños era sólo un acto simbólico que llevaba a cabo pasando al niño frente al fuego para ofrecer así su vida al ídolo pagano y, de esa manera, calmar la ira de Moloc. Esta historia, sin embargo, no tiene mucho sustento Bíblico ni histórico. Veamos la siguiente versión, la del sacrificio real, la muerte física de las víctimas; Por cierto, más cercano a la realidad y sustentada por serias investigaciones históricas y antropológicas. En el diccionario Bíblico de Vila/Escuain se lee lo siguiente: Moloc – Divinidad adorada por los Amonitas (1 Melajim/Reyes 11:7) El artículo que precede al término en hebreo, indica que no se trata de un nombre propio, sino de una expresión que significa Milcom (1 Melajim/Reyes 11:5,33; Yirmiahu/Jeremías 49:1,3; Tzefanía/Sofonías 1:5). Esta divinidad presentaba uno de los aspectos de Baal (Yirmiahu/Jeremías 32:35), nombre propio que es así mismo nombre común. Sinónimo de señor. Bajo el nombre de Melcart, rey de la ciudad, Baal recibía en Tiro, sacrificios humanos. El culto a Moloc demandaba holocaustos de niños que le eran quemados vivos. Para ello, eran depositados en los brazos del ídolo, que estaban en posición de pendiente. Al son de tambores y cánticos la víctima rodaba hacia una apertura por donde caía a un horno caliente. Las motivaciones de este sacrificio eran varias: desde emergencias nacionales, hasta el mero cumplimiento de un voto, por un don recibido de parte del Idolo. La edad de los niños sacrificados oscilaba entre recién nacidos hasta tres e incluso cuatro años.
No se trataba siempre del primogénito como se ha asumido. De hecho se han hallado urnas en Tofet de Cartago con dos o tres cadáveres de niños sacrificados entre los tres o cuatro años de edad y también de recién nacidos, pertenecientes todos estos a la misma familia. Se trataba de una práctica que, como han documentado las excavaciones de Cartago, se llevaban a cabo con normalidad y regularidad.
Esta práctica aumentó con la sofisticación de la civilización urbana cananea, en contra de las concepciones evolucionistas del progreso. En Cartago, las prácticas no cesaron totalmente ni aun cuando la autoridad romana, después de la conquista de la ciudad, dio muerte a los criminales sacerdotes de Baal, colgándolos en los árboles de su mismo santuario. En la ley de Moisés se condenaba a muerte a todo el que fuera culpable de este abominable crimen (Vayicra/Levítico 18:21; 20:1-5). A Pesar de ello, el rey Salomón, ya anciano, erigió un altar a Milcom para complacer a sus mujeres amonitas. Durante los siglos posteriores, se sacrificaron niños a Moloc, quemados vivos, en el lugar alto de Tofet, en el valle de Hinom (Tehilim/Salmos 106:38; Yirmiahu/Jeremías 7:31; 19:4-5; Yejezkel/Ezequiel 16:21; 23:32,39; Yeshayahu/Isaías 30:33). Acaz hizo morir a sus propios hijos (II Divrei Hayamim/2 Crónicas 28:3); Manases inmoló igualmente, al menos, a uno de sus hijos (II Melajim/ 2 Reyes 21:6); los israelitas del reino del norte practicaron también este rito horrendo (II Melajim/ 2 Reyes 17:17; Yejezkel/Ezequiel 23:37). Josías destruyó los altares que Salomón había erigido sobre el Monte de la Perdición (una de las cumbres de Monte de los Olivos) para este falso ídolo y para otros ídolos. El rey Josías profanó el lugar alto de Tofet (II Melajim/2 Reyes 23:10-13). Se debe hacer notar que la LXX introduce la forma Moloc en Amos 7:43, citado en Hechos de los Sheloxim (apóstoles) 7:43. El texto hebreo puede leerse <> en lugar de Moloc (heb. Melek, con las vocales de boshet, vergüenza, para indicar menosprecio hacia la divinidad pagana).
¿Qué es lo que quería en realidad decir, el ministro citado en el caso número uno? Parece que no queda muy clara su intención porque, si yo, como él dice, no debo trabajar para mis hijos entonces ¿para quién debo hacerlo? Ya que mis hijos lo van a hacer para mí, entonces algo aquí esta fuera de sitio.
Por causa de lo anteriormente descrito han surgido diversas doctrinas, nada nuevas por cierto, que pretenden justificar el abandono de los hijos por parte de los padres para dedicarse estos, al trabajo, a la vida profesional o incluso, a un ministerio. Analicemos y repasemos algunas de ellas. Un pensamiento de corte humanista que ha sido “insertado” en los conceptos Bíblicos pero que en realidad pertenece a la moderna educación, que dice así: “Los hijos no necesitan cantidad de tiempo por parte de los padres sino calidad de tiempo.”
¿Alguna vez ha escuchado usted semejante disparate? Otra doctrina errónea en cuanto la educación y el cuidado de los niños es la destacada en el caso uno: “¿Están nuestros hijos dispuestos a sacrificarse por nosotros?”. Otra de ellas mencionada por el doctor Smith: “Cuando te fijas una meta de tan grande envergadura, tienes que estar dispuesto realizar cualquier sacrificio para lograrla.” Una más, aquella que, hoy día muchos adultos han llevado como un estilo de vida creyendo que los hijos están obligados a “jubilarnos”, como pago por haberlos sustentado durante su niñez; esta doctrina dice: “Los hijo deben trabajar par los padres y no lo contrario”.
Ahora permítame, ante todo, apelar a un juicio objetivo. De ninguna manera pretendo decir que los padres deben ser los sirvientes de los hijos. Tal situación nos ubicaría en el extremo opuesto de nuestro tópico y me ubicaría en una posición extrabíblica peor que la que pretendo colocar dentro de un justo marco Escritural. Ciertamente, a los hijos les son impuestas una serie de obligaciones claramente establecidas en el texto Bíblico, tales como: Respeto a los ancianos (Vayicrá/Levítico 19:32; Iyob/Job 32:6; Mishlei/Proverbios 23.22); Obediencia a los padres (Mishlei/Proverbios 1:8; 6:20; 7:1; 23:22; Efesios 6:1; Colosenses 3:20) entre otras. Pero en ninguna parte de la Escritura he encontrado que los hijos tengan que trabajar para los padres ni tampoco que se tengan que sacrificar por los padres ni nada por el estilo.¿Cómo podemos entregar a los niños en manos de Moloc en nuestros días? Desentendiéndonos de ellos.
Cuando esto ocurre los niños y jóvenes son expuestos a la búsqueda del placer (Mishlei/proverbios 21:17; el libertinaje Mishlei/proverbios 29:3; Yaqob/Santiago 5:5-6); la negligencia (Mishlei/proverbios 18:9; 21); Vicios(Mishlei/proverbios 2:14) y cosas semejantes a estas. Nuestro moderno Moloc puede ser hallado en forma de drogadicción, sexo ilícito, delincuencia, corrupciones, transgresiones y todo tipo y género de pecado. Se podría pensar que las metas personales, de cualquier tipo, justifican nuestra actitud hacia los niños. Muchos de los recluidos en las cárceles y quienes han logrado evadir la acción de la justicia, pero que se encuentran inmersos en el submundo del pecado y la perdición¿Qué hacer? Humildad ante el Eterno y, reconocimiento y sometimiento total a su Palabra.
Necesario es reconocer la responsabilidad que el Eterno ha puesto sobre nuestros hombros en cuanto al total cuidado en la formación de nuestros hijos sin esperar nada a cambio de parte de ellos. La Escritura nos indica, más bien, que quienes tienen el deber de llegar hasta el sacrificio por los niños son los padres de estos. Debemos pedir perdón a nuestros hijos, si nos encontramos inmersos en un caso así y, sobre todo retronar al camino correcto. Es importante dedicarles más tiempo de convivencia y de instrucción “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” (Devarim/Deuteronomio 6:6-7). No tenemos forma alguna de cumplir con este mandamiento si no invertimos tiempo, y mucho, en él pensemos….
Hasta la próxima